Paseo

Desayuné tan mal como siempre
pero, no sé por qué, me supo mejor que nunca.
Fregué la taza y me duché sin prisas.
No por rutina, sino por placer.
Me vi resplandecer frente al espejo.
Brillaba. Estaba limpio. Era asombroso.
Después trabajé durante un rato.
No demasiado; un par de horas.
Y el resultado no me disgustó.
Esta tarde, me dije, lo mejoraré.
Y salí a dar una vuelta.
El sol de invierno era agradable.
Si las estrellas tuvieran boca
esa de ahí arriba me habría sonreído.
Paseé despacio sin rumbo fijo
pero seguro de llegar a buen lugar.
En cierto momento un perro se me acercó.
Un perro ni grande ni pequeño
ni especial en nada en absoluto
que vino directo hasta mí y ahí se quedó,
trotando a mi lado, tranquilo y contento,
como si acompañarme fuera lo más natural,
como si siempre hubiera deseado estar conmigo.
Bien, dejaría que se quedara hasta que quisiera.
La felicidad llevaba años rondándome,
y ahí venía de nuevo, decidida, incansable.
Esta vez no la echaría a patadas.

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Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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