DRÁCULA

Se llamaba Pedro

pero para nosotros era Drácula.

Jamás bajaba a jugar.

Tan solo le entreveíamos en su balcón

de vez en cuando,

siempre ya anochecido.

Así que, claro: era Drácula.

Y además estaba su color, su mal color.

Eh, Drácula, eh, Draculín,

le gritábamos desde la calle,

¿tienes miedo de nosotros o qué, bicho raro?

Y el chaval se retiraba a la seguridad de su casa.

Dejad en paz a Pedro,

nos decía alguna gente del bloque,

el pobrecillo está enfermo, tiene leucemia.

Pero teníamos nueve años

y no entendíamos de tragedias,

así que Pedro no estaba enfermo; era un vampiro,

y tampoco se llamaba Pedro; se llamaba Drácula.

Ojalá hubiera sido así.

Ojalá hubieras tenido colmillos.

Habríamos merecido que nos vaciaras las venas.

En fin, hoy me he acordado de ti, no sé por qué.

Y te quiero decir lo siento, tío.

Lo siento, Pedro.

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Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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4 respuestas a DRÁCULA

  1. Están los que dicen que los niños no tienen maldad, peor lo que sí tienen (y mucha) es crueldad. De eso no hay dudas…

    Saludos

    J.

  2. Pingback: la infancia (37): los niños del barrio | Fragments de vida

  3. blocdejavier dijo:

    Todos tenemos episodios gloriosos y bochornosos de la infancia, siempre… Tambiñen yo entono el mea culpa (https://fragmentsdevida.wordpress.com/2013/09/06/el-nino-gloton/)

  4. Pingback: DRÁCULA – Los Caminos de la Vida

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