LA CRIATURA

Todos los días me lo ofrecía como un tesoro, como una auténtica maravilla.
Se plantaba delante de mí, se lo arrancaba del pecho y lo colocaba a mis pies: un pequeño dragón de fuego y oro, único en su especie, me juraba. Decía:
Es lo mejor que tengo, y es para ti, solo para ti, tiene que ser para ti. ¿Por qué no lo tomas? ¿De verdad no lo quieres? ¿De verdad, de verdad no lo vas a cuidar y alimentar?
Mirándome a los ojos con un temblor desquiciado, decía:
¿Dejarás morir de hambre a una criatura tan espléndida?
Así todos los días, dondequiera que me encontrara. En el bus, en el bar, en el médico, en el súper. Sacaba de entre sus costillas aquel animal palpitante y me lo tendía como una ofrenda imposible de rechazar que todos los días rechacé.
No fue fácil, os lo aseguro, ver su fuego apagarse y sus alas convertirse en piedra. Fue duro. Mucho. Pero no podía ser de otro modo. Sencillamente, no la quería. No era culpa suya. Tampoco mía.

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Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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