CADENA PERPETUA

El mejor atardecer fue aquel en las faldas de los Montes Montes a la orilla del remanso viendo los salmones a cientos, a miles y miles chapotear, boquear exhaustos y morir rojos de orgullo tras haber cumplido su misión: la perpetuación. No podíamos hacer nada por ellos. Solo mirarlos, contemplarlos. Admirar la triste belleza con que todo acaba. Hasta las cosas bien hechas. Después volvimos a la ciudad y al día siguiente, en el curso de motivación para el personal de almacén, una chica muy joven con cara de vieja nos explicó que la productividad de la empresa y nuestra felicidad estaban íntimamente relacionadas.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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