SECUENCIA VIVENCIAL DE UN SUPERDETECTIVE LOEWE

Tengo una moto de trial en un garaje roñoso de Sevilla,
una Bultaco de treinta y ocho años pintada de camuflaje
con la que una tarde recorreré la isla de la cartuja,
recorreré a 100 por hora todo ese esplendor en ruinas
hasta el mismo borde y hasta que me entre hambre,
entonces frenaré derrapando a un palmo de las aguas,
sacaré de la mochila un bocata de tortilla de patatas,
lo partiré en dos y nos lo papearemos allí mismo, mi moto y yo,
como dos amigos inseparables fundidos por el sol
entre los matorrales y los grafitis y las culebras,
y hablaremos tranquilos y con sueño de todo y nada,
porque yo hablo con las motos, oh, sí, colega,
hablo con las motos y los coches y los transatlánticos,
las locomotoras, los airbuses y los submarinos,
hablo con los tractores, hablo con los satélites espía,

hablo con los cien mil drones enjambrados en mi cabeza,
en realidad hablo con todos los motores del mundo, y ellos conmigo,
me dicen el monje desde chaval, el monje shaolin,
porque tengo un oído absoluto, oigo el ruido y lo descifro,
oigo trabajar a la energía, que, te lo aseguro, se destruye,
y le digo: Calma, nena, dosifica, no tengas tanta prisa,
bueno, y después del bocata montaré de nuevo en la moto,
tomaremos carrerilla y saltaremos al río, al puto Guadalquivir,
y nos daremos un baño legendario porque sí.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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