POESÍA SOCIAL, Y ESO

Me gusta mirar los escaparates de las inmobiliarias de la zona cara.
Imagino que le compro un casoplón junto al mar a mi madre.
Y otro a mi padre en la sierra, con piscina cubierta y frontón.
Imagino que les compro un adosado a cada uno de mis hermanos
en alguna urbanización de esas con seguridad privada y cipreses.
Imagino sobre todo que le compro un palacete en el centro a mi amigo Pedro,
con mayordomo incorporado, una fuente en el patio llena de peces
y un sistema de luces que resalta los detalles tallados en la fachada.
Pedro lleva meses sin luz; esas cosas no solo salen en el telediario.
Pasa las noches con un transistor a pilas y una linterna de los chinos.
Pedro tiene cierto retraso y una madre alcohólica en las últimas.
Lo conozco desde los siete años; vivía y vive en el bloque de enfrente.
Este poema no pretende alcanzar ninguna aspiración estética.
Solo obedece a mi necesidad de sentir que hago algo por mi amigo.
Es un poema egoísta y rastrero, es un poema que no debería existir.
Pero existe.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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