CANTO A LA FAMILIA INTACTA

Le pegué fuego a mi hermano, quiero decir al pelo de mi hermano, una noche de agosto, me acuerdo, con un clipper naranja, de eso también, fumándonos los primeros cigarros en las gradas de cemento ardiente del polideportivo del grupo Antonio Rueda. Me sentía como un bistec a la piedra pero eso no viene a cuento. El caso es que allí estaba, en el escalón de abajo, su cogote, y yo lo amaba, claro, amaba aquel cogote porque soy un buen hermano, soy un buen tío. Y quería que brillara. De pronto quería que su cabeza brillara, y brilló. Y fue extraño y hermoso. Fue impresionante. El fuego crecía y crecía, trepaba por su cráneo como una araña de luz. Y mi hermano ahí delante, sin darse cuenta de nada hasta que empezó a gritar. Me puse a darle golpes, apagué las llamas con mis propias manos. Le dije que había sido sin querer, que habría saltado una chispa de mi cigarro. Eso fue todo. No hubo heridos. Solo un poco de humo. Y olor a cable quemado en el aire unos segundos, siempre desde entonces en mi cerebro.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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